¿Ibuprofeno previo al running? una mala idea

Entre los corredores populares existen numerosos y variopintos mitos, muchas supersticiones y rituales que en su mayoría resultan ineficaces y casi siempre muy graciosos cuando los ves en otros. Aunque a veces te encuentras practicando alguno de estos rituales y estás muy “autoconvencido” ;)))

Pero también hay prácticas que pueden resultar peligrosas para la salud y el rendimiento del sufrido “runner”, como el ibuprofeno previo a un entreno o carrera, y en general a cualquier esfuerzo físico moderado-intenso.

Y cuando decimos que el ibuprofeno (Neobrufen, Algiasdin, Espidifen, etc) puede resultar peligroso para nuestros riñones también nos referimos al resto de AINES (antiinflamatorios no esteroideos): aceclofenaco (Airtal), ácido acetilsalicílico (Aspirina, AAS), clonixinato de lisina (Dolalgial), dexketoprofeno (enantyum), diclofenaco (Voltaren, Dolotren), indometacina (Inacid), ketorolaco (Droal, Toradol), meloxicam (Movalis), metamizol (Nolotil, Algi-Mabo), naproxeno (Naprosyn, Antalgin) y piroxicam (Feldene) entre otros.

Hoy el post puede resultar algo complejo, pero en el fondo es simple fontanería 😉

Para entender mejor el porque de esta salvajada “farmacodeportiva” repasemos como funcionan nuestros maravillosos y olvidados riñones.

En nuestro cuerpo existen 3 órganos privilegiados en cuanto a la circulación sanguínea, podríamos definirlos como “la triple corona”: cerebro, corazón y riñones.

En un primer vistazo nos parece obvio que la perfusión de cerebro y corazón sea constante en cualquier situación a la que nos enfrentemos, y el riñón también requiere de esta constante, si no nos exponemos al temido fallo renal.

Funcionamiento básico del riñón

La presión de filtración en nuestros riñones depende básicamente de 2 factores:

  • la tensión arterial (que variará según nuestra actividad)
  • la presión oncótica (es como la concentración de sales y otras sustancias en la sangre, pero cuando añadimos proteínas y otras macromoléculas que circulan en el torrente sanguíneo).

Esta presión de filtración debe mantenerse constante, eso es fundamental para que todo el “circuito” siga funcionando. Se ajusta perfectamente ante las variaciones de presión arterial del resto del organismo, mediante la dilatación y contracción de las arteriolas que salen y entran de los glomérulos que forman nuestros riñones.

Si la perfusion (la cantidad de sangre que llega al riñón) es adecuada, la “autorregulación” depende del diámetro de la arteriola que llega al riñón, el cual está regulado varias hormonas: la endotelina (hormona vasoconstrictora), el peptido natriurético atrial y el óxido nítrico (estos últimos son vasodilatores).

Antiinflamatorios y perfusión renal

Antiinflamatorios y perfusión renal

Veamos varias posibles situaciones:
  • Si aumenta la presión arterial (como en una situación de intensa actividad física), aumentará la resistencia de la arteriola aferente (la que llega al riñón) disminuyendo su diámetro, para que la presión en el ovillo capilar siga siendo la misma. Un exceso de presión podría dañar el glomérulo.
  • Si disminuye la presión arterial, disminuirá la resistencia de la arteriola aferente aumentando su diámetro, para mantener la presión constante en el ovillo capilar.

Si la perfusión de sangre al riñón sigue cayendo, la arteriola puede llegar a colapsarse (cerrarse), y esta perdida de presión se detecta por las células productoras de renina localizadas en la pared de la arteriola. 

La renina, por medio de una cadena de reacciones hormonales aumenta la secrección de la enzima ECA, que convierte la angiotensina I en angiontensina II (la forma activa).

La arteriola eferente (la que sale del riñón) tiene receptores para la angiotensina II (que actuará como vasoconstrictor) y para prostaglandinas (vasodilatadoras).

Entonces, si la perfusion renal es mala, aumentará la angiontensina II circulante en sangre y se producirá una vasoconstricción en la salida y entrada al riñón, lo cual asegurará la presión dentro del glomérulo y por lo tanto una filtración adecuada.

En resumen, si llega menos sangre al riñón, el sistema se autorregula para que también salga menos, y que la perfusión en el glomérulo sea constante.

Aquí las prostaglandinas ejercen un efecto regulador sobre el circuito, evitando que haya demasiada vasoconstricción en la entrada al riñón.

¿Y que pinta un ibuprofeno en esta fontanería?

Si hemos tomado un antiinflamatorio (ibuprofeno, enantyum, etc) este fino equilibrio se altera, ya que nuestro riñón no dispondrá de las prostaglandinas necesarias para regular el sistema.

Y la vasoconstricción en las arteriolas del glomérulo puede ser demasiado intensa, afectando al riego sanguíneo que recibe nuestro riñón y provocando daño. Se puede cerrar totalmente “el grifo de entrada al riñón”.

Si estamos en una situación de reposo y abusamos de los AINES (ibuprofeno, etc) durante un tiempo prolongado también podemos llegar a dañar nuestros riñones.

Pero en una situación de esfuerzo físico intenso y prolongado (maratón, ironman, resistencia en general), nuestro organismo y por tanto, nuestros riñones se enfrentan a una situación de estrés especial, y una sola dosis de AINES (ibuprofeno, etc) puede resultar muy perjudicial.

Conclusiones y consejos básicos:

Si tienes algún dolor previo a un duro entreno o una competición puedes recurrir a un paracetamol, o aplicar un antiinflamatorio tópico (tipo Voltadol, por ejemplo) o a una crema de efecto calor (mi preferida es Radio Salil).

El paracetamol no interfiere en este mecanismo de la función renal y los antiinflamatorios tópicos son seguros ya que su efecto es en gran parte local. Recuerda que la dosis máxima diaria en adultos son 4g/día.

Ante la duda sobre si se puede tomar un medicamento y cual es la mejor manera de tomarlo consulta siempre con tu médico o farmacéutico.

¿Alguna vez has tomado algún medicamento previo a una competición o entreno? ¿Que otros mitos relacionados con medicamentos y deporte conoces?

Espero que este post sea de tu interés.

Luis Jiménez

Farmacéutico comunitario. Colegiado 05/644

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